25/3/16

Un sordo infinitivo nos asalta


















nos educaron para
evitar lo que amamos

es por eso que baila
sobre tumbas de arena
nuestro cuerpo leve
y el viento dice
lo que siempre dijo:
un perfume sin causa,
ese idioma de la piel
que no se habla



























la jeta subterránea 
siempre empuja:
está embobada con el cielo
y, en tren de escupitajo,
sueña luz

no hay ardid humano ni ceguera
que detenga aquello
que, sin agua y sin sol,
insiste en la caverna módica 
del pensamiento,
en la arena movediza de su cuento
ya contado
para siempre





















el habla nace
y crecen las hablas como ácidos,
son lluvias de amor,
son llagas y son risas
en los límites del cuerpo

un sordo infinitivo nos asalta 
en nuestro puro decir,
en nuestro andar tras el silencio





















no es un dibujo del habla
ni el ring de los sentidos,
no es mezcla de mente con paisaje
ni regocijo de herida echando tinta,
es solo nuestro nombre borroneado
recogiendo migas de la voz,
es encantamiento de curva peligrosa,
delito bello en un mundo mal habido,
es un ritmo en el pecho
discutiendo con el tosco, aburrido corazón,
voz pequeña que produce el rozamiento,
música perdida en la piel,
perdida para siempre y vagabunda 
como un verso sin olvido